El Drama de la Inmigración

Recientemente hemos visitado la frontera de Ceuta, en el norte de África. Damos testimonio de lo que vimos y oímos.

Ceuta es la frontera Norte-Sur, entre África y Europa, frontera entre el mundo rico y el mundo pobre.

Nos hospedamos en el Centro de Acogida para inmigrantes San Antonio. La mayoría de los que ahí llegan son jóvenes subsaharianos procedentes de Camerún, Senegal, Ghana, Guinea Conakri, Mali, Nigeria… Otro vienen huyendo de los conflictos  de Etiopía, algunos de Siria, Irak o Palestina. Huyen de la pobreza, del hambre y de la guerra. Buscan una vida más digna en Europa. Salieron de sus países atravesando desiertos, pasando toda clase de penurias, hambre y sed, frío o calor, a veces perseguidos y golpeados por la policía de Marruecos, y aun así no pierden su alegría y esperanza. La canción y el baile forman parte de su identidad. Verdaderamente, nos dan una lección de que los problemas de la vida no nos deben quitar la alegría y la esperanza.

El Centro San Antonio organiza diversos talleres sobre el aprendizaje de la lengua española, informática, costura, manualidades, y sobre todo, los orienta sobre sus derechos.

Estos inmigrantes, residen en su mayoría, en el Centro de Internamiento para Extranjeros –CETI- ubicado en la montaña, cerca de la frontera. Son los que lograron saltar la valla o llegar a nado a Ceuta con el propósito de pasar a la península. Sin embargo, ahí están, no solo meses sino años en espera.

En el CETI hay alrededor de 800 inmigrantes, la mayoría hombres jóvenes, y alrededor de 150 mujeres. Aunque es un centro del Estado, varias ONG,s y algunas religiosas los acompañan y orientan.

Ante la avalancha de migrantes que huyen del hambre y de las guerras, España ha levantado en Ceuta y Melilla una valla de acero galvanizado de 3 metros de altura, reforzada con alambre de espino y cables cortantes, con púas encima, y su costo fue de 30 millones de euros, pagados en parte por la Unión Europea. Hay varias vallas paralelas para controlar mejor la frontera. Existen puestos alternados de vigilancia y caminos entre las vallas para el paso de vehículos de vigilancia. Cables bajo el suelo conectan una red de sensores electrónicos de ruido y movimientos. Está equipada con luces de alta intensidad, videocámaras y equipos de visión nocturna. En la actualidad, las vallas están siendo dobladas en altura, a 6 metros, bajo los auspicios del programa europeo de Frontex.

Los migrantes procedentes de los países señalados, al topar con las vallas se asientan en los bosques de las montañas cercanas a la frontera. Viven en condiciones inhumanas. Pasan hambre y sed. Muchos se enferman. Ahí están a la espera de poder saltar la valla o lanzarse al agua a nado o en pateras. La diócesis de Tánger, con un sentido humanitario, evangélico, les lleva comida, agua, mantas y plásticos para que se protejan de la lluvia, claro, a escondidas de la policía marroquí.

El pasado mes de enero fue detenido y expulsado del país de Marruecos el sacerdote jesuita Esteban Velázquez, coordinador de la pastoral de Migración de la Diócesis, por ayudar a estos hermanos que infraviven en el lado de Marruecos.

Con frecuencia, la policía de Marruecos penetra en los bosques, como el que entra a la caza de animales, para capturar a inmigrantes subsaharianos y a los refugiados que huyen de las guerras. Estos corren y se esconden por doquier entre los árboles y matorrales.

El Arzobispo de Tánger, Santiago Agrelo,  expresaba recientemente:

“Sé que no tienen papeles, pero tienen hambre. Sé que no están autorizados a estar donde están, pero tienen derecho a buscarse un futuro para sí mismos y para sus familias. Sé que las autoridades de las naciones los consideran una amenaza, aunque la realidad es que las autoridades son una amenaza para ellos. Les llevamos alimentos, pero con frecuencia nos avisan que  la policía marroquí se los ha quitado

¿Qué dirían ustedes de una sociedad que persiguiese a hombres, mujeres y niños vulnerables e indefensos -a los que leyes inicuas han hecho ilegales, irregulares, clandestinos-, los acosase como si fuesen alimañas, los persiguiera como si fuesen criminales, los golpease como no se permitiría hacer con los animales, y los cercase para rendirlos por hambre? Se diría que esa sociedad se había deshumanizado, corrompido, embrutecido, envilecido, degenerado”.

A los que son capturados los golpean, les atan las manos y se los llevan, según recogimos testimonios de algunos de ellos. Los suben en camiones y los conducen al desierto, en la frontera con Argelia. Pero antes, les quitan todo lo que tienen, dinero, móviles, incluso ropa, y los abandonan a su suerte. Algo cruel e indigno de seres humanos. Marruecos recibe dinero de la UE para impedir el paso de migrantes.

Aquellos que logran saltar la valla, con frecuencia, resultan con graves heridas por las cuchillas ubicadas en la alambrada.

Las ONG,s y otros organismos han hecho críticas a las vallas dentro de la crítica general a los programas contra la inmigración ilegal de la Unión Europea, el FRONTEX.  Sin embargo, los intentos de saltos en las vallas han aumentado. Los africanos no aguantan el hambre. Los que huyen de las guerra tampoco. Buscan una vida más digna y en paz. Es por eso que tratan desesperadamente ir hacia el norte. Porque ningún ser humano es ilegal en este mundo. La tierra es de Dios y todos los hombres y mujeres somos sus hijos. Ningún país puede privar a nadie de vivir con dignidad.

Un joven de Mali  fue detenido al intentar cruzar la valla hacia Marruecos. Declaró que llevaba cuatro años en Ceuta y que al no poder viajar hasta la península decidió volver a su país de origen a través de Marruecos. La policía marroquí lo detuvo e ingresó en prisión y allí fue torturado hasta que fue abandonado en el desierto. El hambre le obligó a regresar de nuevo.

El 6 de febrero de 2014, alrededor de 250 subsaharianos, ante la imposibilidad de saltar la valla, se echaron al agua del Mediterráneo con el propósito de cruzar a nado la frontera, para llegar a la playa del Tarajal.

La tragedia comenzó  cuando la Guardia Civil española, al verlos llegar por mar, les lanzó pelotas de goma, botes de humo y otros materiales antidisturbios para impedir que entren en territorio español, lo que causó pánico en los inmigrantes y provocó que 15 de ellos murieran ahogados. Estos no son números. Son personas, con rostros concretos y cada uno de ellos con una historia de dolor y de esperanza. Ahí terminaron sus sueños de una vida mejor. Fueron enterrados como xx en el cementerio de Ceuta. Otros 23 fueron devueltos a las autoridades marroquíes desde la misma playa y sin acceso a ningún procedimiento formal.

La política de la Unión Europea sobre migración es represiva. Desarrolla el libre mercado, la libre movilidad de capitales y de mercancías, pero prohíbe la movilidad de seres humanos. Nuestros gobiernos les impiden la entrada. Y los que logran cruzar  son encerados en el CETI y en los CIES, verdaderos campos de concentración, prisiones para personas que no han cometido ningún delito. Su delito es no tener papeles, “son ilegales”. Persisten, asimismo, las “devoluciones en caliente” sin averiguar si son refugiados.

Europa y Estados Unidos construyen muros cada vez más altos y alambradas con cuchillas, símbolo de la crueldad humana. Hay que defenderse de los pobres. Desde Lampadusa hasta Ceuta y Melilla para los africanos, y el muro en la frontera México-USA para los latinoamericanos, son tragedias de dolor y de muerte, vergüenza de la humanidad, en palabras del papa Francisco. En el mundo hay 230 millones de inmigrantes. La migración es un derecho contemplado en el art. 14 de la Declaración Universal de los DDHH. La persona está por encima de las leyes de las naciones.

Según Amnistía Internacional, en el año 2015 murieron ahogados en el Mediterráneo alrededor de 4.000 inmigrantes y refugiados.

Las organizaciones con las que intercambiamos nos comentaron que hay mafias que traen niños y niñas para trabajar en el servicio doméstico en régimen de esclavitud.

El sábado 6 de febrero, segundo aniversario de la muerte de los 15 subsaharianos ahogados en la playa del Tarajal, se celebró por la mañana una actividad en la Universidad de Ceuta, a la que asistimos. Hubo varias ponencias de defensores de DDHH, de Ceuta y de la península. Y por la tarde, una marcha desde la universidad hasta la playa del Tarajal, en la frontera con Marruecos. La marcha iba presidida por una gran pancarta que rezaba: “NINGÚN SER HUMANO ES ILEGAL”. Ocho kilómetros de recorrido. Allí se leyó un comunicado. Resalto lo que éste decía:

” El Ministerio del Interior de España no ha asumido ninguna responsabilidad ante los hechos. Más bien el ministro Jorge Fernández Díaz los justificó. Persiste la impunidad con la que se pretende cerrar este trágico incidente. Las familias de las víctimas piden verdad, justicia y reparación, así como la identificación de todos los cadáveres. La Ley de Seguridad ciudadana pretende dar “cobertura legal” a las “devoluciones en caliente”. Las autoridades responsables deben adoptar medidas urgentes para garantizar la verdad, justicia y reparación a los familiares de las víctimas y evitar que estos hechos tan graves se vuelvan a repetir y queden impunes ante la justicia. Dos años después, no se ha producido una investigación inmediata, exhaustiva y efectiva sobre el uso excesivo e innecesario de la fuerza y de material antidisturbios por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Las organizaciones de Derechos Humanos y ONG,s exigen la modificación de la Ley de Extranjería. El Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas han recomendado a España que revise la nueva Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana (que entró en vigor en julio 2015) que pretende dar “cobertura legal” a las devoluciones sumarias prohibidas por el derecho internacional de los derechos humanos. Las autoridades españolas tampoco han atendido las necesidades de los familiares de las víctimas, que siguen esperando poder identificarlas.  La tragedia de la playa del Tarajal es un ejemplo más de las consecuencias del endurecimiento de las políticas migratorias en la frontera sur española impuestas por la Unión Europea”.

Queremos una España, una Europa y un mundo con los brazos abiertos. Para ello, es apremiante el cambio de las leyes de extranjería, pero sobre todo, el cambio de la conciencia de los ciudadanos del llamado primer mundo. Necesitamos tomar conciencia de que en la tierra todos somos humanos y hermanos.


Escrito por Mari Carmen y Fernando